Crónica de la Maratón de Riga: Entre Charcos, Risas y Kilómetros La mañana de la Maratón de Riga amaneció gris, con un cielo que amenazaba lluvia y un viento fresco que parecía querer poner a prueba a cada corredor. Nada más salir, la lluvia empezó a caer con ganas, como si el cielo quisiera recordar que, en el running, no todo es sudor sino también desafío. Los primeros kilómetros fueron, sin duda, un espectáculo digno de ver (y de correr). Todos los corredores “que normalmente dominan el asfalto con paso firme y serio” parecían protagonistas de una comedia improvisada. Intentábamos esquivar charcos que parecían pequeños lagos y, en ese ballet acuático, más de uno perdió el equilibrio o tuvo que frenar en seco. Las risas nerviosas se mezclaban con la concentración por no resbalar, y por un momento, la carrera dejó de ser solo competencia para ser una coreografía colectiva en la que el agua era la principal invitada. Pero esta situación, aunque graciosa, fue también un problema seri...
Cracovia 2026 llegó solo una semana después de París, pero en realidad venía de mucho más atrás. Llegaba con la carga de dos semanas seguidas sin descanso. Dos semanas de trabajo continuo, de no parar, de ir enlazando una cosa con otra y de acumular no solo kilómetros, sino también cansancio del de verdad. No era solo el desgaste de París. Era el desgaste de todo lo que había alrededor. De esos días en los que no desconectas, no recuperas del todo y aun así sigues adelante porque simplemente toca. Por eso llegar a Cracovia tenía algo de incógnita. Más que una maratón preparada al detalle, era una maratón que tocaba gestionar. Ver cómo respondía el cuerpo, cuánto quedaba en las piernas y hasta dónde podía sostener el ritmo después de tantos días sin bajar de verdad. Y quizá precisamente por eso salió tan bien. Porque no llegaba con la presión de buscar nada concreto. No había espacio para obsesionarse con el reloj ni para cargar la carrera de demasiadas expectativas. Después de dos sema...